El minimalismo es una corriente estética basada en la consigna “menos es más”, frase que resume el concepto de que la pureza formal -como eje principal de diseño- puede ser una herramienta
capaz de comunicar fuerza y valorizar un objeto. Como tendencia,
une líneas puras, formas geométricas básicas y colores neutros, en
un ambiente con equilibrio y armonía.
Como estilo, tiene su origen en la década del 60, en Nueva York, con
el movimiento del arte mínimo y geométrico, en las artes visuales.
En la arquitectura, nace como contraste a la decoración recargada
de los 80, en Italia.
Los ambientes minimalistas, emanan, por sí mismos, calma y paz.
Sus líneas rectas, la casi ausencia de accesorios, la iluminación
-siempre al servicio de la idea- aportan tranquilidad y calma. Es un
estilo despojado pero a su vez elegante e innovador en sus formas
y acabados, opuesto a la corriente rustica y romántica; aunque
ambos tomen la idea de simpleza y modernidad.
El minimalismo maneja una monocromía absoluta en suelos, techos
y paredes, complementándose con los muebles. El contraste lo
dan algunos objetos decorativos cuidadosamente seleccionados
o muebles en tonos totalmente distintos a la gama que se utiliza en
los acabados. Los textiles que se utilizan carecen de estampados y
juegan con los acabados y texturas. Las cortinas por su lado suelen
ser de líneas muy simples: romanas, roller, celulares o hasta la total
ausencia de ellas.
Los materiales, entre los que es infaltable la madera, se complementan
con otros incluso hasta rústicos como bloques, cemento alisado y
piedras. Pocos cuadros en monocromo con marcos en maderas
del mismo estilo.
Hay muchas variantes del minimalismo, con un toque más o menos
oriental o escandinavo; lo que al final cuenta, es lograr que el espacio
brinde la armonía y el descanso que alma y cuerpo