Un día cualquiera, hace dos años, nos levantamos
con una visión que, para muchos, significó observar a
unos “locos” que le apostábamos a algo tan intangible
como exportar la marca “Panamá”, con la ilusión de
que rendiría frutos no solo para quienes invirtieran en
el país, sino para el país mismo. Hacíamos nuestros
pinitos asistiendo por primera vez al Salón Inmobiliario
en Madrid y apenas siete empresas creían firmemente
que más allá de la frontera había un mundo por explorar
y conquistar para beneficio de la economía nacional. Con
ojos escépticos nos miraban, esperando nuestro regreso,
para conocer más de los resultados. Un año más tarde
serían sesenta las empresas que participarían en dicho
evento, promoviendo la marca “Panamá”.
Gracias a ese y muchos otros esfuerzos internacionales
que se han venido realizando en el transcurso de
estos dos últimos años, Panamá está en el ojo de
inversionistas, retirados, jubilados y baby boomers a
escala mundial. No es de sorprenderse que el costo del
metro cuadrado en la ciudad haya tenido un vertiginoso
incremento en menos de un año. Aquello que antes se
vendía en US$850.00/m2 ahora está por el orden de los
US$1.200/m2 y los más sofisticados ascienden a precios
entre los US$3.000 a US$4.000/m2.
Personalmente, a mediano plazo, veo a Panamá como
la pequeña Hong Kong de las Américas. Podría sonar
exagerado, pero, ¿por qué? Tenemos tantos atractivos,
como los tiene la misma Hong Kong. Una ubicación
estratégica en el mapamundi, una moneda fuerte
como el dólar, un país democrático tranquilo y seguro,
dos océanos que bañan nuestras costas, exuberante
naturaleza por doquier, buenas comunicaciones, buenas
vías de comunicación, un aeropuerto que se proyecta
como Hub de las Américas y una Zona Libre que por
tradición ha sido la fuente de muchos ingresos a la
economía en general. Si a eso le agregamos un canal,
vía obligatoria de tránsito para muchos buques, que
además ahora le apuesta a la ampliación —agregando
una tercera exclusa que permitirá transitar a buques
post-Panamax—, no podemos negar que algo grande
está ocurriendo en esta pequeña nación.
La competencia en la construcción de torres de condominios, proyectos de playa y de montaña, crece mes a mes. En la capital no pasa
medio año antes de que un nuevo proyecto surja, ufanándose de ser más alto que el anterior. Rascacielos que sobrepasan los ochenta,
los noventa y hasta los cien pisos, nos permiten ingresar a la historia como una pequeña ciudad en la era de los megaproyectos. Así, no es
de sorprenderse que el horizonte de Ciudad de Panamá en menos de cuatro años sufrirá una enorme transformación. La Torre de Donald Trump, el Ice Tower, El Palacio de la Bahía, Los Faros de Panamá,
Arts, Rivage, Q Tower, Destiny, Vitri y otros tantos compiten entre sí
para ofrecer a los futuros inquilinos condominios, oficinas, hoteles y
boutiques de primera categoría con toda clase de valores agregados
muy interesantes. Las estadísticas señalan más de 160 proyectos de
condominios que están aprobados para construirse, considerando
solo el área metropolitana. Pensando que el último censo arrojó
un aproximado de 700.000 habitantes en la ciudad capital, no hay
duda de que cifras como éstas dan una muestra de la ebullición en
la que se encuentra la ciudad capital. Los sectores de Punta Pacífica
y Costa del Este se llevan la delantera, ocupando un 42% de los
proyectos en construcción.
Hacia el interior de Panamá, tanto en zonas costaneras como en
montañas y hasta en islas, el desarrollo es igualmente marcado. Otro
importante número de proyectos buscan atraer a quienes disfrutan
de un estilo de vida más tranquilo y sosegado en las afueras de las
ciudades, ofreciéndoles valores agregados como campos de golf,
canchas de tenis, clubes ecuestres, vistas al mar o a las montañas.
Boquete, un pueblito en las cumbres de la provincia de Chiriquí,
marcó el hito y fue el semillero de lo que hoy acontece a lo largo
y ancho del país. Proyectos como Valle Escondido, Cielo Paraíso,
Hacienda Los Molinos, Palo Alto Mountain Club, Nüare Boquete,
Boquete Country Club, Montaña de la Caldera, Altos del María (Sorá)
y otros cobran importancia por sus dimensiones y extensiones en las
tierras más frescas de Panamá. A lo largo de la Costa Pacífica, codo
a codo, unos le apostaron hace años al futuro con proyectos como
Coronado es Vida, Las Lagartijas, Costa Blanca, Vista Mar, Playa
Blanca, Buenaventura y Azueros. Otros tantos como Coronado Bay,
Coronado Country Club Resort, Playa Bonita, Bijao, Malibú Beach & Resort empiezan a adherirse a esta competencia por ofrecer lo
mejor de lo mejor.
Las 11.550 visas otorgadas por el Departamento de Migración
durante el último año son igualmente un termómetro que refleja el
interés que Panamá despierta en el exterior. Muchos se preguntan
hasta cuándo durará este boom. Hacer pronósticos sobre el tema es
atrevido, pero lo cierto es que pareciera que aquí apenas comienza
una avalancha, generada por una serie de factores que inciden al
mismo tiempo: el norteamericano está aburrido de los impuestos que
le cobran en su país natal e incluso muchos no están de acuerdo con
la política de su gobierno. Otros buscan una vida menos estresante y más accesible en un país tropical que les permita huir de los largos inviernos. Para los canadienses y europeos la situación tiene algunas
similitudes, mientras que los suramericanos buscan invertir en un país democrático que además les permite vivir en paz y armonía. Por
tales razones, el boom promete durar unos años más y para quienes invierten ahora parece que la excelente rentabilidad que ha habido se
convierte en un atractivo indiscutible.
Veremos entonces si en unos años no habremos crecido tanto que parezcamos la Hong Kong |