Cañete se encuentra 144 kilómetros al sur de Lima, Perú, y atrae
al turista gracias a la amabilidad de su población así como al buen
clima que tiene. No lejos de allí, la playa La Escondida muestra
un paisaje agreste y desértico que permite perderse en el confín
del horizonte, sin saber a ciencia cierta si el mar es el desierto o el
desierto un mar de arena.
Es este el emplazamiento de Casa Equis, ocupa un terreno de
253 metros cuadrados con una superficie techada de 174 metros
cuadrados. Esta construcción, que juega con los volúmenes y el
espacio del paisaje, fue proyectada por Sandra Barclay y Jean Pierre
Crousse, arquitectos franceses, quienes concluyeron su labor en
marzo de 2003.
El concepto detrás del proyecto fue la idea de un volumen sólido que
se integrara perfectamente al paisaje y lo domesticara, creando la
intimidad necesaria para poder habitarlo; el resultado es que la casa
se fusiona perfectamente con este paisaje tan impactante.
Utilizando materiales que se funden fluidamente con el paisaje
desértico, como el concreto expuesto de paredes y cielo-rasos,
el cemento pulido de pisos y muebles, la madera “diablo fuerte”
(oriunda de la amazonia) usada en múltiples detalles; los vidrios
templados sin marco (fijos o corredizos), el cemento y la pintura que
engalana los muros; se creó un elemento que proyecta una perfecta
ambigüedad entre el interior y el exterior, mimetizándose con el
panorama y creando una suerte de arquitectura permeable.
Para lograr este objetivo se optó por una doble estrategia proyectiva:
en primer lugar, la ocupación máxima del volumen edificable del lote
y luego la definición de esta ocupación por un volumen “sólido” y no
por un simple límite volumétrico a ser construido. Surge entonces
un prisma puro, “encallado” en las dunas, que da la impresión de
haber estado allí desde siempre. Este sólido “preexistente” es luego“excavado”, a lo largo del proceso de diseño, extrayendo materia
para ir creando y descubriendo simultáneamente sus espacios.
Un poco a la manera de los arqueólogos que excavan en la arena descubriendo las ruinas precolombinas sepultadas por el paso del
tiempo.
Esta lógica sustractiva, contraria a la lógica aditiva típica de la
construcción, es llevada a todas las escalas del proyecto para hacerla
inteligible. Así, este proceso de “excavación” produjo espacios
delimitados por un recinto, en los cuales la ambigüedad entre los
espacios cerrados y abiertos dentro del recinto es exacerbada al
máximo. Estos espacios son cualificados por su distinta relación
con el cielo o con el mar.
Se accede al recinto por un umbral que une y a la vez separa dos
espacios exteriores: el espacio infinito del desierto y el espacio íntimo
del patio de entrada. El espacio del patio se prolonga hacia el océano
por una gran terraza, concebida como una “playa artificial” que se
relaciona con el mar y el horizonte a través de una larga y estrecha
piscina. La cubierta, pensada como un gran plano horizontal que
abarca el ancho del lote, enmarca el paisaje marino y cobija la sala
de estar-comedor, como lo haría una sombrilla en la playa. Así, los
límites entre el estar y la terraza son borrados gracias a una mampara
corrediza en cristal templado.
Una confortable escalera, que sigue la pendiente del terreno, une el
nivel de entrada con los dormitorios situados bajo la gran terraza.
El descanso intermedio se prolonga lateralmente y distribuye los
dormitorios de huéspedes y de hijos, protegidos del sol por el deck
de la terraza.
Los colores ocres-arena, utilizados frecuentemente en construcciones
precolombinas y coloniales de la costa peruana, evitan el “envejecimiento visual” del edificio por efecto de la gran cantidad de polvo que el viento del desierto impregna en las construcciones. El uso
de este color en todo el exterior revela también la unidad del volumen del recinto.
La casa invita así a la austeridad y al reposo, al silencio. No rompe con el entorno; al contrario, nos sumerge en él de forma sutil, dándonos
la oportunidad de contemplar un espectáculo maravilloso: el de una naturaleza única y salvaje, silenciosa y contundente, que de otro modo
se habría visto violentada por la presencia de elementos exógenos y a su constante mutar de viento, agua y arena.
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