Oda al mar
Aquí en la isla
El mar
Y cuánto mar
Se sale de sí mismo A cada rato.
Pablo Neruda:
Odas elementales”
El 12 de febrero de 1970, en la isla Juventud, en Cuba, nació
Kcho, Alexis Leyva Machado. “Soy una isla andante y cada criatura
insular también lo es”. Han pasado 37 años de ires y venires entre
mares, barcos y playas donde ha recogido desechos encallados
como naves luego de haber sido seducidos, tallados, modificados
por el mar en su arrullo permanente. “Mi obra se metió en el mar
y fue creciendo. Tú ves mis primeros trabajos y te das cuenta que
no tenían ninguna relación con el mar. Mi obra y persona fueron
comprendiendo más mi cultura; lo fundamental es que mi cultura
sea el espejo hacia los demás”.
En sus obras tridimensionales encontramos siempre un punto
intermedio entre los cánones totalizadores de la escultura modernista
y la descentralización posmoderna, pues detrás de la amalgama
de elementos existe una voluntad por construir grandes áreas y
volúmenes en sentido monolítico; es decir, con una continuidad
espacial inevitable. Toda su obra, dibujos e instalaciones, tienen lo
que él define como energía de la vida anterior: “Soy básicamente
escultor, en mi obra uso cosas que no me pertenecen, que tuvieron
un uso anterior a ser una obra de arte, un dueño que no fui yo. Esa
energía de la vida anterior la uso para construir una historia. Por
ejemplo, con la basura que uno ve todos los días, que se bota, el
empezar a ver en esos objetos una energía y poder usarlo en mi
trabajo ha sido fundamental”.
Kcho no se repite, aunque su leitmotiv sea el mar. Sus obras varían
según el espacio donde se presentan. Organiza la puesta en escena
con dibujos sobre papel o telas de gran formato y excelente factura.
La escultura-instalación constituye, la mayoría de las veces, el eje
central de la muestra y punto focal de su propuesta. “En mi cabeza
convierto un pequeño papel en un estudio. Me adapté, puedo hacer
una instalación para una sala de un museo con cientos de metros
cuadrados en una servilleta”. En sus obras la carga expresiva del
trazo o del objeto mismo señala y refuerza conceptos como memoria,
tránsito o destierro.
Utiliza el grafito y la sanguina como si fuesen palabras para armar las
frases del discurso y de atmósferas austeras; construye en sus telas
mundos frágiles que parecen tambalear sobre una tripa que flota en
un espacio sin mar. El azar no es su asunto, las líneas se ajustan a su
mente con precisión certera, los pensamientos se encadenan unos
a otros con los objetos encontrados, trozos de madera o fetiches
ensamblados con historias propias y ajenas. “Para mí el dibujo más
pequeño no es un boceto, sino una obra en sí, que en realidad es
portadora de una energía, porque es una cosa viva… Todo lo que
hago es una prolongación de la mano. Yo dibujo mucho porque me
gusta su intensidad”. Kcho atesora cuadernos repletos de bocetos,ideas y proyectos; diseña y construye sus obras a partir de una
obsesión particular por el dibujo y de la acuciosa selección de objetos
gastados por el uso y repletos de recuerdos; le interesa incorporar
esa carga histórica y de memoria personal a objetos cotidianos; sus
trabajos remiten a estados impresos dentro de su cabeza; de allí
toma los guiones, esquemas, sistemas de símbolos y otros géneros
emparentados con entidades mentales que ávidamente vuelca en
trazos inconfundibles. “Para mí el dibujo es el eje del arte y del mío
propio. Dibujar es la eficacia del gesto, del arte, de la idea, y mi única
esperanza del mundo”.
Kcho tiene la capacidad de sorprendernos, como cuando miramos
a través del ojo de buey de un barco; esa mirada un tanto irónica
y a la vez incisiva de este artista a veces nos desconcierta cuando
contemplamos sus enormes dibujos o sus particulares esculturas.
Sobresale en su trabajo la efectividad discursiva que proclama a
la hora de desenmascarar la problemática existencial más local y
específica de la región; sin perder ese talante expresivo característico
de los grandes artistas, capaces de involucrar a cualquier individuo
en el auto-reconocimiento de los dramas y angustias que desde
siempre han asediado a la especie humana.
Después de todo, el tránsito y el éxodo son condiciones casi
genéticamente consustanciadas en el recorrido de cualquier persona
por la vida. Este planteamiento es dominado por pocos materiales
precarios que van narrando sus propios episodios, a manera de
penetrantes comentarios sobre el cotidiano social y político de los
países de América Latina. “Desarrolla un mensaje que arropa al
planeta, se escapa de la isla, remite a otros continentes donde huir y
refugiarse es el pan de cada día. Kcho refleja en su obra los espacios
de su mente construida a punta de fragmentos abandonados por
otros”, dice Zuleiva Vivas.
Kcho nos invita a navegar en este océano de su memoria y nos
lleva en una travesía que ni el mismo Hemingway hubiese creído
posible para hacernos desembarcar en las playas del recuerdo
de otros, abiertos al mundo con una mirada distinta, salobre y
tridimensional.
Bibliografía
1. Kcho, “Soy una isla andante”. Entrevista realizada por EssoÁlvarez. Últimas Noticias, pág. 74. Caracas, 2004.
2. Kcho: un trozo de algo, por Franklyn Fernández Revista Agulha,
revista de cultura n.º 49. Fortaleza, São Paulo, enero de 2006.
3. Kcho, “Kzando a Kcho”. Entrevista realizada por Mario Jorge
Muñoz. Cuba, 2004.
4. Zuleiva Vivas en “El juego del asombro”. Tex to de
presentación del catálogo de la exposición de Kcho en el Museo
de Bellas Artes de Caracas.
5. Kcho, “Ar te latinoamericano: Alexis Leyva Machado”.
Obraporobra.com. Internet, 2001.
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