Temerosos por el desarrollo de varios proyectos hidroeléctricos, la etnia naso teribe se resiste a perder sus tierras ancestrales y su cultura.
Los gobierna un rey sin comarca en un palacio olvidado. Es una etnia panameña que ha sabido relacionarse con su prodigiosa Naturaleza, al cuidado de las fuentes de agua que emanan de sus bosques y forman la cuenca hidrográfica más importante de la región. Son más de tres mil nativos con sabiduría en agricultura orgánica, en plantas medicinales, en las especies y los secretos del bosque, con un gran amor por la Madre Tierra. Así es cómo defino a los naso tjer di, o naso teribe, luego de convivir un tiempo con ellos, aprendiendo de sus costumbres, de sus temores y sueños, en las montañas del Parque Internacional La Amistad.
Atrás queda Wekso, la antigua base militar conocida como Panajungla, hoy albergue ecoturístico administrado por los naso, y voy al encuentro del único rey de América Latina: Valentín Santana, el monarca, miembro de una familia real cuya estirpe se remonta mucho antes de la conquista española.
Navego el Teribe en un cayuco que desafía los rápidos de agua pura al cuidado de los gigantes del bosque tropical que forman una barrera verde en las riberas del río. Mi guía, Adolfo Villagra, un educado líder naso, comanda el palo acanalado con motor fuera de borda leyendo los caprichos del río. Mientras sortea troncos a la deriva y peligrosos remolinos me cuenta: “Es a partir de 1973 que nosotros venimos exigiendo al Estado panameño la demarcación física de nuestro territorio y la creación de nuestra comarca, hecho que no se ha dado; actualmente somos el único pueblo indígena que no ha sido reconocido. Y eso, en parte, es porque existen proyectos de represas hidroeléctricas que necesitan nuestras tierras”.
Durante el recorrido por varios pueblos asentados en la cuenca del Teribe recojo el testimonio de sus dirigentes. En el pueblo de Bonji, conozco a Virginia Nicolás, quien representa a las mujeres que habitan once comunidades. Mientras talla una estatuilla en su modesta vivienda, me transmite su sentir: “El hecho que no tengamos comarca es como cuando uno tiene varios hijos y quiere uno mas que el otro; lo vemos como discriminación. Y pensamos que con las hidroeléctricas llegaría el vicio; me imagino que para represar el río vendrían las excavaciones, y que todos los peces de ese río se nos van a morir, porque hace dos años sufrimos un deslizamiento en la cabecera de uno de los afluentes del río Teribe y hubo mucha mortandad de animales, estuvo por tiempo sucio, las playas quedaron llenas de peces muertos; en consecuencia, con las hidroeléctricas que quieren poner aquí va a desaparecer lo poco que hay para nuestra subsistencia; van a invadirnos, van a acaparar tierras que no están registradas, que no están tituladas y creo que va a ser un golpe muy duro para nosotros”.
Surcando torrentosos tramos del río, corriente en contra y siempre hacia arriba, diviso a la distancia una loma verde donde se asienta la casa del rey en Sieyjic, nuestro destino final. Rodeado de súbditos, coronado con tocado de plumas y portando una lanza ritual, Valentín Santana me habla en su lengua natal. No mira directo a los ojos y hay orgullo en sus palabras. A través de su interprete conozco la voz oficial de los naso: “En cuanto a la situación de la civilización en nuestro medio, como rey, estoy de acuerdo que la influencia de educación y tener una comarca es lo más importante para nuestro pueblo; pero lo que no comparto son los proyectos hidroeléctricos grandes que vienen y que en vez de apoyarnos, nos quieren quitar la tierra, y nos quieren mandar mas arriba, donde vivían antes nuestros antepasados, y eso es que los naso decimos no, decimos no estamos de acuerdo, porque eso no nos beneficia sino que nos reducen más y más nuestro territorio. Lleve ese mensaje para que escuchen todos los panameños, porque ese es nuestro sentimiento y nuestra motivo de lucha”.
www.albtrosmedia.net
Datos clave
Con la llegada del almirante Cristóbal Colón a las costas de Bocas del Toro, el 6 de octubre de 1502, se tienen las primeras noticias de los naso teribe, un pueblo regido por una monarquía hereditaria.
Los territorios indígenas representan casi el 47% del Corredor Biológico Mesoamericano del Atlántico panameño, con una extensión de aproximadamente 13.000 k2, e incluyen al pueblo naso teribe y a la comarca ngobe bugle.
El territorio naso se encuentra dentro de dos áreas protegidas: el Parque Internacional La Amistad con 207.000 ha y el Bosque Protector Palo Seco, con 244.000 ha. |