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De frente al mar
 

Abriendo Puertas

De frente al mar

 

Por: José Carlos Pires Pereira
Fotos: iStockphoto

De frente al mar De frente al mar  
 

Imposible negar que estamos ligados al agua, un elemento sin el cual no hay vida. Pensemos, por ejemplo, en el mítico jardín árabe, en el cual la escasez del agua llevó a crear unas composiciones sofisticadas. La abundancia del líquido en el renacimiento italiano permitió florecer las fuentes y cascadas. Los ingleses crearon el jardín romántico apoyándose en el diseño del paisaje teniendo el agua como punto focal. Para los orientales, el agua representa no solo la fuente de la vida sino un remanso para aquietar los espíritus y, por lo mismo, sus jardines siempre giran alrededor de ella.

En el mundo contemporáneo y en un país donde estamos rodeados de agua, dos océanos, el Lago Gatún y múltiples ríos, es imposible para un arquitecto borrar este elemento de su carpeta de trabajos. Tarde o temprano se encontrará con el reto de realizar un trabajo en el que el propietario de un terreno quiera integrar el paisaje rodeado de agua a su vivienda.

Un acantilado, el mar abajo, un paisaje sosegado, un terreno profundo... La arquitectura destinada a albergar la nueva casa de campo debía reflejar, ante todo, lo que sus dueños percibieron inicialmente al conocer el lugar: paz y serenidad. Cobijar a los invitados en una unidad y a los dueños en otra, para permitirles a todos sosegarse en el generoso terreno, fueron parte de la condiciones para diseñar este conjunto de elementos. La vista al mar debía ser aprovechada y a su vez ligada con el elemento agua. Es ahí donde nace la idea de crear esta piscina de proporciones poco comunes, que nace en forma angosta y se prolonga a lo largo del terreno para abrirse al acercarse al mar, reforzando la composición de los elementos y estableciendo un vínculo entre las unidades y lo natural.