Algunos dicen que es cuestión de suerte: que a unos
simplemente les va bien y que otros, por el contrario, están
destinados a pasar por las duras y maduras. Ciertamente hay
circunstancias que facilitan llevar una vida más tranquila y
serena, y otras que la complican. No todas están en nuestras
manos. Lo que sí está en nuestro poder es la forma de
encararlas y de esto principalmente depende cómo nos
sentimos con el resultado. Los monjes del Tíbet dicen que
no existe una vida sin sufrimiento. Que el sufrimiento hace
parte de la vida, pero que si así se comprende, no se sufre.
El sufrimiento nace cuando esperamos cosas diferentes a las
que son y queremos. Si no esperamos nada, si comprendemos
que al dar lo mejor de nosotros sin esperar nada a cambio
estamos sembrando en nuestro propio bienestar, entonces
seremos personas con “suerte”, seremos felices.
Aunque no vivimos en el Tíbet, vivimos en un país con tantas
ventajas y virtudes que muchos parecen no ver ni entender. En
otros lados no se vive como aquí. En otros países la violencia,
el hambre, el frío, los virus son parte del pan de cada día en
proporciones preocupantes. Sin embargo, aun allí encuentra
uno gente que encara la vida y lucha para salir adelante con
la mejor disposición. Todo es cuestión de actitud. Todo. Por lo
mismo queremos invitarlos a promover “la sonrisa en lo que
hacemos”. A dar una buena atención, a ser amables, corteses,
a esforzarnos por hacer lo mejor en nuestro trabajo, a pensar
en que si todos logramos poner un granito de buena voluntad
todos los días en todo lo que hacemos, daremos un giro, un
giro por el bien de todos y del país. Otros países como Irlanda
lo han logrado.
¿Por qué no nosotros?
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