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Medio Ambiente

El llanto de los Colosos

 
Textos y fotos Alejandro Balaguer, Fundación Albatros Media
 

Ballenas promisorias ofrecen un espectáculo rentable que podría sacar de la pobreza a cientos de comunidades en América Latina.

Sin considerar la oportunidad que conlleva su conservación, Japón continúa cazando ballenas y sus crías para abastecer de carne al mercado nipón.

El gobierno de Australia presenta pruebas contundentes de la barbarie japonesa.

El cielo se confunde con el océano en la línea del horizonte y el azul domina el imponente Golfo de Panamá. De pronto, el agua se agita. Se siente la presencia de un gigante viniendo de las profundidades.  Sorpresivamente, una mole tan pesada como 500 hombres salta fuera del agua en un despliegue de poder, mostrando sus desproporcionadas aletas y colosal cola, causando al caer montañas de agua, espuma y estruendo. Es una gran ballena jorobada seguida por una sombra de no más de 5 metros. La sombra emerge. Es la pequeña cría que muestra su frente rugosa mientras exhala un chorro de aire con olor a mares y se toma tiempo para darnos una mirada.   Segundos después, el espejo azul se restablece. Sólo se siente el rumor tenue de la brisa tropical.

Al correr la tarde un mar de plata pura se extiende ante la mirada. Pequeños parches de luz se filtran en el techo de nubes cargadas de lluvias sobre la remota isla del Rey, rodeada de arrecifes coralinos que relucen como turquesas y son más antiguos que las pirámides de Egipto.  Desde nuestra privilegiada “platea” flotante, presenciamos la llegada de otra ballena jorobada hembra seguida por un cortejo de gigantescos pretendientes en el ritual del apareamiento. Cerca a ella, un macho golpea el agua con su cola y sobredimensionadas aletas pectorales en un derroche de pasión y fuerza descomunal para llamar la atención de la hembra que no duda en escogerlo entre el trío de machos. La hembra muestra su inmenso y blanco vientre que reluce al hacer contacto con un rayo solar. Inmediatamente, los colosos se sumergen en la intimidad del océano en una danza submarina de intensidad inimaginable. El momento es fugaz, eterno.

Estos encuentros, lejos de ser extraordinarios, suelen ser usuales en las aguas que rodean las 90 islas y 130 islotes que conforman el archipiélago de Las Perlas, en pleno océano Pacífico panameño. Este edén, cubierto con importantes bosques tropicales, fuentes de agua dulce y la mayor extensión de arrecifes coralinos de todo el Golfo de Panamá, se convierte  en el escenario ideal para la observación de ballenas jorobadas, entre los meses de julio y octubre, que arriban a parir y reproducirse provenientes del lejano sur. Hecho que demanda un ordenamiento marino costero y una debida capacitación de operadores cuidadosos de las reglas existentes para el manejo turístico de este recurso. De lo contrario, como muestra la experiencia en otros países de la región, las ballenas optan por buscar otras casas-refugios más tranquilos y el negocio se esfuma.
 
El avistamiento de ballenas es un negocio global que practican alrededor de 9 millones de personas y representa más de 1 billón de dólares anuales. Para medir sus beneficios, tomamos como ejemplo Argentina. La provincia de Chubut reporta ingresos por avistamientos de ballenas superiores a los 60 millones de dólares cada año. Ecuador, México, Costa Rica, Chile y Brasil también han registrado millonarias sumas que muestran que la conservación puede ser un buen negocio para las comunidades marino-costeras.

De hecho, el mundo conoce cada vez más acerca de estos gigantes emblemáticos, aunque aún muchas son las preguntas y muchos son los debates científicos acerca de sus hábitos. Se sabe que las ballenas jorobadas del hemisferio Sur copulan entre junio y septiembre en aguas tropicales, migran a los polos y luego retornan al trópico, al año de gestación, para dar a luz. Las crías nacen en agosto y aprovechan las aguas bajas y cálidas para aprender a sobrevivir en los mares. La cría de cinco metros, al mes de nacida, con una tonelada de peso, es una tragona insaciable: bebe alrededor de 50 a 100 galones de leche por día. Durante la lactancia sigue muy de cerca a su madre, que puede pesar entre 25 y 40 toneladas y medir más de 14 metros.

Pero una de las característica más interesantes es la complejidad de sus cantos con los cuales se comunican a increíbles distancias, demostrando su sensibilidad, sentido social e inteligencia. Estas sofisticadas melodías se convierten en desgarradores gemidos cuando las ballenas son arponeadas y descuartizadas mientras agonizan en un mar de sangre a bordo de los buques balleneros japoneses que practican lo que ellos llaman cacería con fines científicos.  Así, continúan con las matanzas y la crueldad de sus métodos ante el repudio y el descontento general del mundo civilizado.

Japón pretende reabrir la cacería comercial de ballenas con objeto de consumo humano, para usos industriales o para alimentos para mascotas.   Tratan de obtener más votos a su favor con el objeto de poner fin a la moratoria que impuso desde 1986 la Comisión Ballenera Internacional, organismo formado por un conjunto de países, creado hace más de cuatro décadas con el objetivo de regular la cacería de ballenas ante la dramática disminución que llevó a muchas especies a su inminente extinción.

Las huellas de la barbarie parecen no tener fin y Japón no ha cesado en su carrera demencial de aniquilamiento de los cetáceos. Recientemente, el gobierno australiano, presentó fotografías tomadas por tripulantes del buque “Ocean Viking” que muestran la cacería con fines no científicos que llevan los barcos balleneros nipones en el 2008. En la imagen se ve una madre una pequeña cría de ballena Minke arponeadas y cargadas a bordo de la nave japonesa. Peter Garrett, ministro australiano del Medio Ambiente, lidera una lucha judicial de su gobierno contra Japón y promueve la vigilancia de las operaciones balleneras japonesas. En un llamado de alerta al mundo, dijo: "Es muy decepcionante, es angustiante pensar que puede tomar unos 15 minutos, desde que el arpón alcanza una ballena hasta que muere, y es aún mucho más triste pensar que hay una cría implicada".

Los australianos han tomado una actitud ética y elogiable, vigilando desde el "Ocean Viking" a los balleneros japoneses, grabando sus operaciones para llevar a las cortes internacionales a los culpables del sangriento espectáculo. Ejemplo que todas aquellas naciones que consideran indecentes e incivilizadas estas prácticas deberían repetir en sus aguas territoriales en salvaguarda de una gran amiga y socia inteligente de los seres humanos.

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