No hay animal tropical que no le tema. Es un feroz rey con escaso territorio que habita en los últimos bosques tropicales prístinos del continente americano. Este temible felino, que durante milenios necesitó el puente natural que ofrecía el istmo de Panamá para migrar entre América del Norte y América del Sur, ve cada vez más reducido su reino al fragmentarse y desaparecer los últimos bosques prístinos de América Latina.
El jaguar americano (Pantera onca), el máximo depredador de las selvas de las Américas todavía conserva su casa en Panamá. Reportes de poblaciones residentes en varios sitios remotos del sistema de áreas protegidas del país, como los bosques del Darién, el Chagres y La Amistad, confirman que existen todavía importantes poblaciones del gran felino en Panamá y que estos ecosistemas son todavía su despensa segura, siempre que la deforestación no avance, ya que cada depredador necesita un espacio equivalente a setenta canchas de fútbol de selvas intactas para cazar.
Rafael Samudio, presidente de la Sociedad Mastozoológica de Panamá, agrega: “El jaguar actualmente realiza sólo migraciones locales. Ya no es la migración original de Norteamérica a Sudamérica, y viceversa, porque hay datos que indican que algo pasó hace un millón y medio de años, cuando gran parte de la población del jaguar en Centroamérica desapareció. Algunos asumen que fue algún tipo de enfermedad o por el cambio climático”. Y es por ello que manteniendo las áreas protegidas con un alto grado de conservación y vigilancia se lograría tener el vecindario a salvo y así la especie sería viable a largo plazo.
Pero hoy no sólo el gran felino peligra. Una nueva extinción masiva amenaza la biodiversidad del planeta dado el cambio climático, el auge de los cultivos para los agrocombustibles y el incremento de la población humana. Según los reveladores informes técnicos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), miles de especies dejarán de existir en la región si se continúa con los patrones insostenibles de consumo y la pérdida de los bosques producto de la actividad humana. “Hecho que visiblemente se podría revertir al ir por el lado de la conservación de esos valiosos ecosistemas y de plantar nuevamente el planeta, meta que promueve nuestra organización para América Latina y el Caribe y que es tal vez el mejor aporte que podríamos dar para contribuir a mitigar esta crisis”, concluye Rody Oñate, director regional de Comunicaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, con sede en la Ciudad del Saber, en Panamá.
En tanto, el gran rey de las selvas tropicales ha encontrado un último refugio en las exuberantes selvas panameñas, ve cada vez más reducido su reinado, sus súbditos son cada vez más escasos, pero se resiste a desaparecer.
www.albatrosmedia.net |