El área que durante décadas ―más exactamente desde finales de la segunda guerra mundial hasta 1990― fue símbolo de intolerancia y opresión ha protagonizado una importante transformación, para convertirse en un monumento a la unión y la fraternidad. Lo que antes era el escenario de la frontera geográfica entre las dos Alemanias y el Muro de Berlín, ahora lo es de un imponente edificio que evoca la realidad de la nación germana unida bajo un solo nombre: el de la República Federal Alemana.
La estructura tiene nombre de mujer: Marie-Elisabeth Lüders House, en tributo a la diputada y posteriormente presidenta del Bundestag (el parlamento federal), máximo órgano legislativo de los alemanes. Ella, hoy alejada de la política y dedicada a prestar sus servicios en organizaciones científicas, se ha visto inmortalizada con esta construcción, donde se combinan en acertadas proporciones el concreto, el cristal y la luz.
El diseño del Marie-Elisabeth Lüders House es obra del arquitecto originario de Munich Stephan Braunfels, quien ha sido responsable de los más recientes edificios que se han levantado en el área cultural de Berlín. Él entregó los planos originales en mayo de 1998 y más de un año después se inició el proceso de construcción, que se extendió hasta febrero de 2002. Eso en cuanto a la estructura, porque el proceso de las áreas interiores finalizó en diciembre de 2003.
La espera bien valió la pena. Porque una vez se dio a conocer el edificio, éste se develó como una propuesta vanguardista, de justas proporciones, que bien pronto tuvo que ser incluida en el circuito turístico de la ciudad de Berlín. Las razones saltan a la vista: nadie puede caminar indiferente ante la gran mole de concreto que parece inspirada en las formas básicas de la geometría. Una de sus caras se asemeja a un cubo. Otra más es un círculo perfecto. Todas se entrecruzan en una indiscutible armonía y constituyen el complemento ideal para la construcción vecina: el edificio Paul Löbe House, sede de las oficinas de los parlamentarios del Bundestag. El Marie-Elisabeth, por su parte, encierra la biblioteca del parlamento (la tercera más grande del mundo en su estilo), parqueaderos, una zona recreativa y más oficinas.
Desde el exterior, uno de los detalles que más llama la atención del Marie-Elisabeth Lüders House es el puente que permite la comunicación entre los dos edificios. Su presencia allí no es producto de un capricho. Stephan Braunfels le dio esa ubicación particular para evidenciar la unión de las Alemanias. El segundo aspecto a destacar es la rotonda donde se ubica la biblioteca, la cual cumple a cabalidad tanto en lo funcional como en lo arquitectónico, pero que además conserva en su base un elemento histórico: algunas ruinas del desaparecido Muro de Berlín. Cierran esta primera mirada externa los extensos jardines, estratégicamente ubicados, para complementar la estructura y no para entorpecer su vista.
De puertas para adentro el edificio también ofrece sorpresas agradables. Empezando por la luz natural que se cuela a través de los amplios ventanales de piso a techo, que en la noche cede su terreno a la iluminación artificial, tan plena que permite a los curiosos ver desde el exterior todos los detalles del interior.
A ras de piso, e ingresando desde el norte de la estructura, es posible encontrar la Sala de Audiencias, donde se llevan a cabo los comités de los parlamentarios. Generoso en sus dimensiones, este espacio está dividido en tres áreas: el lobby, la sala con 140 sillas donde debaten los diputados y otra más con 128 acomodaciones para periodistas y visitantes.
En un nivel diferente, a 6,40 metros de altura, se encuentra el hall central, que ostenta a cada uno de sus lados un grupo de oficinas. Aquí también se levanta la gran escalera que desemboca en un balcón, desde el cual se puede apreciar el conjunto completo del hall.
Si bien hasta el momento hemos presentado el Marie-Elisabeth Lüders House como una pieza maestra del diseño contemporáneo, debemos aclarar que es también ejemplo de una construcción ambientalmente responsable. Todo gracias a un adecuado aislamiento térmico y el uso de fuentes de energía regenerativa, que permiten mantener controladas, a niveles muy bajos, las emisiones nocivas. De esta manera quienes visitan la estructura tienen la plena seguridad de recorrer una propuesta interesante, con importantes rasgos históricos y que, además, le da una nueva dimensión al concepto de integrar la arquitectura con el medio ambiente que la rodea.
Marie-Elisabeth en cifras
• Área total: 65.000 metros cuadrados.
• Número de oficinas: 630.
• Libros que guarda la biblioteca: 60.000 títulos.
• Área de lectura: 1.200 metros cuadrados. |