De no creer. Esta es la primera frase que asoma a la mente cuando se accede al antiguo Colegio Javier, que dejó atrás su historia pasada para abrirle las puertas a lo mejor del diseño, la arquitectura, la decoración y el paisajismo contemporáneos.
Y esto fue posible gracias a Casa Cor 2008, el evento que permite restaurar antiguas construcciones, derruidas la mayoría de ellas, para transformarlas en espacios llenos de vida, color y propuestas creativas. Esta muestra tiene el objetivo primordial de dar a conocer a Panamá y el mundo el talento de los creadores locales, quienes se miden de igual a igual con los extranjeros al apropiarse de un espacio y transformarlo en un ambiente original y acogedor. Para lograrlo se valen del mobiliario, la tecnología y las artes locales.
El resultado de este propósito es palpable hoy en el Colegio Javier, que acogió 45 propuestas diferentes, todas ajustadas a las pautas del diseño contemporáneo. Las líneas limpias y sencillas, que no atacan los sentidos, se hicieron presentes en cada uno de los rincones de la construcción, y transformaron las antiguas estancias en lujosos salones, habitaciones, bibliotecas, baños, jardines… Incluso hubo espacio para una guardería postmoderna, que haría las delicias de cualquier niño.
Sin duda alguna, a los creadores participantes no les faltó motivo de inspiración. A pesar de las precarias condiciones en que lo encontraron, el edificio del antiguo plantel emana un encanto único, una magia que sin proponérselo hace volar la imaginación. A esto se suma su ubicación de cara al océano, que influyó definitivamente en la manera en que arquitectos, diseñadores y paisajistas se apropiaron de los espacios.
Por eso no es de extrañar que ellos hayan convertido al Pacífico en un protagonista adicional de sus propuestas. Desde las ventanas del recinto los visitantes pudieron apreciar sus cálidas aguas, mientras en el interior se sucedían las diversas escenas que hablaban de la vanguardia en el diseño.
¿Por dónde empezar a destacar los logros de Casa Cor? Es difícil decidirlo porque cualquiera de sus espacios invitaba a la contemplación. Pero es necesario escoger uno y en este caso será el salón, de colores neutrales tanto en los muros como en el piso y el mobiliario. Esta decisión del diseñador convirtió la gran ventana que enmarcaba el área en una obra de arte natural, ya que a través de ella se podía apreciar el inmenso mar y la moderna arquitectura panameña.
En la misma paleta neutral se diseñó una habitación principal, de líneas sencillas y donde la gran cama se apoyaba sobre una pared de espejo, la cual cumplió una función multiplicadora en el espacio: gracias a ella el área se antojaba más grande de lo que realmente era. Aquí también llamaban la atención los espacios abiertos dentro de una de las paredes laterales, que de esta manera se convirtieron en repisas arquitectónicas sobre las cuales se podía ubicar una pieza de arte o una evocación de la naturaleza.
Y hablando de naturaleza, resultó interesante observar cómo la gran mayoría de los participantes en Casa Cor buscaron involucrarla en sus espacios, bien fuera con plantas y árboles propios del trópico, o utilizando colores que de una u otra manera la evocaban.
Gracias a Casa Cor fue posible ir de una sorpresa a otra en el Colegio Javier. Una de ellas fue el jardín interior de tipo oriental, donde se tenía la impresión de estar en un hogar de China o Japón. Otro ámbito muy interesante fue el estudio, dominado por un hermoso escritorio de superficie tallada en madera, sostenido por bases que caprichosamente evocaban antiguas columnas en piedra. Y el bar, una de las propuestas más novedosas del evento, en donde la gran cava abierta a los ojos del público se robaba de manera obligada todas las miradas.
Por eso, recordando lo que era el edificio del Colegio Javier antes y después de Casa Cor, nos atrevemos a decir que su transformación es de no creer. Lastimosamente los recursos que aporta la empresa privada y los que se recaudan en la taquilla no son los suficientes para dejar arreglados los edificios protagonistas de la muestra. Pero sin duda, la transformación que ellos viven es la semilla con la cual estas valiosas piezas arquitectónicas vuelven a despertar el interés de los inversionistas, quienes pueden apreciar el inmenso potencial que aún guardan tras sus muros. Este es el primer paso para regresarlos a la vida.
Los interesados en conocer más sobre el proyecto Casa Cor pueden inscribirse en él o participar con sus productos, comunicándose al teléfono 237 855. Más información en www.casacorpanama.com |