Una caja de zapatos: esa es la forma que se les ha dado tradicionalmente a las salas de conciertos del mundo, muy a pesar de los arquitectos, quienes se han devanado los sesos tratando de diseñar estructuras diferentes. No obstante, siempre se encuentran con un obstáculo: el diseño caja de zapatos es el único que garantiza la acústica óptima para este tipo de espacios.
Este fue el dilema que enfrentó el arquitecto holandés Rem Koolhaas en 1999, cuando su estudio ―Office for Metropolitan Architecture, más conocido como OMA― fue elegido por el Ministerio de Cultura de Portugal para dar vida a una sala de conciertos destinada a la ciudad de Oporto, la segunda en importancia del país, con el fin de conmemorar su selección como Capital Europea de la Cultura para el año 2001.
Si bien Koolhaas y su equipo se empecinaron en la tarea de buscar alternativas que les permitieran romper con la arquitectura tradicional de este tipo de escenarios ―después de todo, OMA y su fundador son reconocidos por su filosofía de proponer estructuras irreverentes en sus formas y materiales―, bien pronto la realidad los llevó a desistir de su empeño. Pero Rem Koolhaas no es un hombre que se deje vencer por lo establecido, así que una vez se rindió ante el imperativo de hacer su sala de música tipo caja de zapatos, también decidió que la iba a dotar con elementos arquitectónicos únicos que la diferenciaran de sus congéneres en el mundo.
Así nació la que hoy es conocida como la Casa de la Música en Oporto, la primera sala de conciertos en el planeta que no ha sido diseñada para el disfrute exclusivo de quienes entran en ella a escuchar los conciertos que allí se llevan a cabo, sino que ha sido pensada además para el deleite de quienes la aprecian desde afuera.
Su diseño llama la atención desde el primer instante en que se accede a la Rotunda da Boavista, el sector donde se levanta el edificio. Este es un lugar que tradicionalmente fue utilizado como centro de almacenamiento de los tranvías fuera de servicio, y que se encuentra ubicado justo entre el centro histórico de Oporto y un barrio destinado a la clase trabajadora. Por lo mismo, su arquitectura resulta bastante tradicional y conservadora. De ahí que la Casa de la Música, con su propuesta vanguardista, su gigantesca estructura de concreto blanco y sus amplios muros de cristal, se robe de inmediato todas las miradas.
El concreto y el hormigón moldeado a precisión son la base de todo el edificio, incluidos los dos auditorios principales: el primero tiene capacidad para albergar a 1.238 espectadores, 110 músicos y un coro compuesto por 143 vocalistas. Se encuentra en la parte más alta de la estructura y desde él es posible apreciar otras áreas de la misma. Está diseñado a la manera de un rectángulo inmenso, flanqueado por dos muros de cristal (uno detrás del escenario y otro detrás de la audiencia), a través de los cuales es posible apreciar la vista de la ciudad y del mar que la rodea.
Muchos pensarán: “¿Cómo es posible tener muros de cristal en un auditorio musical, cuando es bien sabido que este material dispersa el sonido en direcciones arbitrarias?” Y la respuesta a esta pregunta radica precisamente en el ingenio de Rem Koolhaas y su decisión de desarrollar una propuesta provocativa, incluso dentro de un espacio supuestamente convencional.
Él venció los preconceptos haciendo muros en cristal corrugado a partir de pliegues curvos fuertes, y colocando dos hojas de cristal adicionales un metro más allá de las paredes originales, con el fin de aislar el pasillo de los ruidos provenientes del exterior. Con su estrategia, además, le agregó belleza estética al espacio, permitió el acceso de la luz natural al mismo y garantizó que quienes se encuentran dentro de él aprecien el paisaje que los rodea, mientras que el público en el exterior puede observar las expresiones artísticas que se exhiben en el escenario.
El segundo auditorio es más pequeño, ya que tiene capacidad para 300 personas sentadas y 650 de pie, pero tiene la versatilidad de variar la ubicación del escenario y las sillas dentro de su espacio, de manera tal que puede albergar a más o menos público según sea la necesidad. Si en el gran auditorio principal el protagonista es el cristal, en este los invitados de honor son los azulejos que engalanan sus extensos muros. En uno de ellos las baldosas recrean imágenes religiosas, siguiendo así una tradición ancestral de las iglesias portuguesas. En el otro cobran la forma de figuras geométricas.
Complementan el edificio otros espacios como la terraza exterior, un restaurante con capacidad para 250 personas, un estudio de grabación reservado para las tres orquestas residentes de la Casa de la Música (la Orquesta Nacional do Porto, el Remix Ensemble y la Orquesta Barroca Casa da Música), cuartos de ensayo y camerinos tanto para los músicos de planta como para los invitados especiales. Todos se comunican entre sí por medio de escaleras convencionales, otras eléctricas y plataformas, que llevan a los visitantes a través de un recorrido no sólo por el mundo de la música y las artes, sino a lo largo de una aventura arquitectónica. De ahí que Nicolai Ouroussoff, crítico de arquitectura del periódico The New York Times, calificara la Casa de la Música de Portugal como una de las salas de conciertos más importantes construidas en los últimos cien años, comparable con el Walt Disney Concert Hall de Los Ángeles y el auditorio de la Filarmónica de Berlín.
La Casa de la Música en pocas palabras
Inicio de la construcción: 1999.
Finalización: 2005.
Inversión: 100 millones de euros.
Área: 22.000 metros cuadrados.
Premios: Fue galardonada en 2007 con el Royal Institute of British Architects European Award.
Más información: www.casadamusica.com |