En el año 2010 el mundo, y en especial los amantes de los deportes en la nieve, volverá sus ojos hacia la ciudad de Whistler, en British Columbia (Canadá), ya que será la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno.
Miles de atletas se darán cita en este lugar rodeado de montañas que alcanzan los diez metros de nieve en cada temporada invernal, y tendrán la oportunidad de alojarse en uno de sus exclusivos resorts. Entre ellos hay uno que merece mención especial por su lujo exquisito, su servicio impecable y la calidad de sus instalaciones, todas características que le han valido el título como Top Ski Resort en Norteamérica por la revista Conde Nast Traveler, y Top Resort Hotel en Canadá por la igualmente afamada publicación Travel & Leisure. Estamos hablando del hotel Fairmont Château.
Este es un alojamiento construido en 1999 y renovado en 2007. Sus doce pisos, que evocan la arquitectura de los antiguos palacios canadienses, se levantan entre las montañas Blackcomb y Whistler, que los dominan con sus 2.284 y 2.182 metros de altura respectivamente. La unión entre estas maravillas de la naturaleza y el sobrio diseño del hotel da lugar a un paisaje encantador que en algún momento llega a abrumar los sentidos.
Al igual que otros hoteles de Whistler, el Fairmont Château basa su operación en los deportes de invierno que se practican en el lugar y los cuales van desde el esquí y el snowboard, hasta el patinaje sobre hielo y los recorridos en moto a través de los senderos nevados. Hasta allí llegan sus similitudes con los vecinos. Por lo demás, el Fairmont resulta único e irrepetible.
Para comprobarlo basta con traspasar sus puertas y arribar a su majestuoso lobby, decorado con una precisión milimétrica para lograr el balance perfecto entre los muebles y objetos clásicos, provenientes de diferentes rincones de Canadá, y otros de corte más contemporáneo. Este estilo ecléctico se repite en las 550 habitaciones, los dos restaurantes y el spa, permitiendo a los huéspedes trasladarse en el tiempo hacia épocas de opulencia y lujo.
Para acceder al Fairmont Château usted debe viajar en avión hasta Vancouver e iniciar desde allí un recorrido en automóvil que tarda aproximadamente dos horas y media, al cabo de las cuales la vista de las montañas Blackcomb y Whistler le indicará que se encuentra cerca de su destino final. Al arribar al hotel puede escoger cualquiera de sus habitaciones, con un área entre los 28 y los 37 metros cuadrados, todas provistas con inmensos ventanales que dan ya sea a las elevaciones vecinas, a las cuestas de esquí, al bosque o al Valle de Whistler. De esta manera se garantiza que los visitantes siempre tengan a su disposición los encantadores paisajes del lugar.
Junto con las habitaciones existe la alternativa de alojarse en una de las nueve suites, con uno, dos o tres dormitorios, ubicados en áreas que van desde los 44 hasta los 111 metros cuadrados. En ellos también se dispone de un salón bellamente adornado por una generosa chimenea, el cuarto de baño decorado con piezas de mármol, un comedor, un jacuzzi y un balcón al mejor estilo de los descritos por William Shakespeare en la obra Romeo y Julieta. Así, el Fairmont Château les confirma a sus huéspedes que no sólo resulta atractivo como un refugio invernal, sino que también es una excelente alternativa para una romántica jornada en pareja.
Esta sensación se ve reforzada en otros espacios del hotel, como la terraza y los restaurantes. La primera ha sido bautizada con el nombre de Mallard y resulta perfecta para disfrutar de un momento de relajación y descanso al calor de una fogata. Desde ella se puede apreciar la montaña Whistler, mientras se degusta un auténtico whisky escocés o uno de sus muy variados cocteles. Si los señores quieren un momento a solas para deleitarse fumando un puro y bebiendo un coñac, también pueden hacerlo aquí ya que para ellos está reservado un lugar especial, perfectamente ventilado.
En cuanto a los restaurantes, éstos también ofrecen veladas únicas. El Wildflower, por ejemplo, se especializa en los sabores de la costa oeste canadiense. Resulta perfecto para cenas formales e íntimas, acompañadas por una de las 250 variedades de vino que guarda en su cava. El Portobello, por su parte, también le apuesta a la gastronomía local, pero su ambiente de cocina abierta es más propicio para grupos familiares. Claro que si prefiere una velada aún más íntima, siempre puede optar por una cena en su habitación. Después de todo, los restaurantes del Fairmont prestan sus servicios hasta las tres de la mañana.
Un último espacio que disfrutan tanto los deportistas como los enamorados es el Vida Wellness Spa, porque, ¿qué puede resultar más reparador o romántico, después de un largo día en las más de cien rutas de esquí que ofrece Whistler, que ponerse en manos de los terapeutas expertos para recibir un tratamiento que brinde calma interna, vitalidad externa, placer sensorial y la salud del espíritu? Aquí esto es posible gracias a la combinación de las técnicas sanadoras de los antiguos indígenas canadienses, con otras de tendencia más contemporánea.
Lo mejor del Fairmont Château es que todas sus maravillas no se disfrutan exclusivamente en invierno. Porque cuando llega el verano y la nieve desaparece, aún es posible vivir sus comodidades, el paisaje de las montañas, la amabilidad de la gente del lugar y un atractivo adicional: su campo de golf de 18 hoyos, obra de Robert Trent Jones Jr., quien lo diseñó respetando con absoluta precisión la geografía del lugar. Los golfistas entonces dan sus golpes siguiendo una ruta que se adentra en el valle, surca los bosques y está rodeada por arroyos de agua cristalina. Este paisaje constituye el broche de oro con el que el Fairmont Château cierra su presentación y termina de rendir a sus visitantes bajo su poderoso e inevitable encanto.
Fairmont Château Whistler
Tel. (604) 938 8000
chateauwhistlerresort@fairmont.com
www.fairmont.com/whistler