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Moda

Joyas por diversión


Fotos: Christian Dior

 

 

¿Quién dijo que una joya para ser exquisita debía ser aburrida? Esta fue la pregunta que se hizo Victoire de Castellane, el as bajo la manga de la casa Christian Dior en el campo de la joyería. Y ella ha dedicado los últimos nueve años de su vida a dar respuesta a este interrogante mediante las creaciones que ha desarrollado para la marca francesa.

De ellas se puede decir cualquier cosa menos que son aburridas. Por el contrario, se trata de piezas llevadas al extremo ―inmensamente grandes o diminutas; cargadas de elementos decorativos o minimalistas―, que sin lugar a dudas captan la atención del espectador más desprevenido.

Son diseños exclusivos que obedecen a la personalidad de su creadora. Para comprobarlo basta con ver la más reciente colección de joyería de la casa Dior, denominada Milly-la-forêt, en donde los zarcillos, collares y anillos constituyen una explosión de color, gracias a la recreación de elementos de la naturaleza como los caracoles, las mariquitas y las flores por medio de esmaltes y perlas.

Antes de que le pregunten el porqué de esta propuesta, Victoire de Castellane se apresura en aclarar que nunca ha sido amiga de ese tipo de joyería donde lo que importa es el precio y no la creación. Es más: la considera vulgar. Para ella, cada joya no es una prueba de estatus, sino una declaración muy personal de quien la lleva. Es la expresión de su personalidad, de su forma de pensar e incluso de ver el mundo.

El mismo planteamiento puede aplicarse a su trabajo creativo. Observando sus joyas diseñadas a partir de metales preciosos como el oro blanco y las piedras de pronto consideradas corrientes por otros diseñadores, como el ópalo y el coral, se podría pensar que Victoire ve el mundo en proporciones mayúsculas, ya que la gran mayoría de sus diseños son inmensos. Y esta percepción no estaría lejana de la realidad.

“Cuando yo era niña ―recuerda la diseñadora― veía las joyas que usaban mi mamá y mi abuela como objetos gigantescos. Creo que esta impresión quedó grabada en mi subconsciente y aparece de manera reiterada en mi trabajo”. De ahí que no sea extraño ver en la más reciente colección de Dior un anillo que tiene engastado un ópalo enorme, capaz de cubrir una buena parte del dedo de quien lo lleve.

Junto con la percepción de grandeza que tiene Victoire de Castellane del mundo, se hace presente también su afición por la naturaleza. El resultado lo conforman joyas como un collar con fresas de rubíes, cerezas de coral, rosas de diamantes, vainas de guisante de jade y una mariquita de ónix.

Esta tendencia también tiene su explicación: “Yo amo la naturaleza tanto en la joyería como en la vida, con la diferencia de que las flores frescas mueren a los pocos días de florecer, mientras que en una joya permanecen por siempre”. La casa Dior ha sabido aportarle a la diseñadora fuentes de inspiración al respecto, las cuales provienen del jardín de la casa que el diseñador adquirió en Milly-la-forêt, cerca de Fontainebleau.

Pero no se ha limitado exclusivamente a nutrirla con esta fuente de creatividad natural. Los diseños mismos de alta costura del diseñador son el punto de partida desde el cual Victoire inicia su proceso creativo. El resultado de esta influencia son piezas como el collar Cygne Rose, elaborado en oro blanco con incrustaciones de diamantes y zafiros rosados, que evoca las plumas de cisne con las cuales Christian Dior solía embellecer sus trajes más elaborados.

Al admirar las joyas diseñadas por Victoire de Castellane se puede apreciar que en su trabajo prima la libertad. Ella básicamente hace lo que quiere; una filosofía que consolidó de la mano del diseñador Kart Lagerfeld, el genio de la casa Chanel, con quien trabajó durante catorce años. Él le enseñó a seguir su propio rumbo, a defender su personalidad, a ser ella misma e incluso a no ser extremadamente seria con sus propuestas. En otras palabras, le enseñó que su oficio podía ser divertido.

Claro que en honor a la verdad, ese espíritu libre e independiente nació con Victoire. Lo lleva en la sangre, ya que entre sus ancestros se cuentan caballeros de las Cruzadas. También por código genético lleva impreso en la piel el sentido del buen gusto: su abuela, Sylvia Hennessy, fue la heredera del imperio del Coñac Hennessy y se desenvolvía en un mundo de glamour y sofisticación, tanto que una de sus mejores amigas era la millonaria Barbara Hutton. “Recuerdo que mi mamá solía llevarme a visitarla y era increíble verla, aun en el final de sus días, sentada de una manera magnífica luciendo su bata de seda y sus grandes joyas. A mí se me iba la respiración”.

Su historia personal, su manera de ver el mundo e incluso estos recuerdos de infancia se hacen presentes en la creación de Victoire de Castellane, quien no sólo le ha impreso su sello personal a la casa Dior, sino que la ha llevado a reinventarse con el fin de conquistar nuevos seguidores y nuevos mercados. Este objetivo ha sido cumplido con honores, ya que la unidad de joyería de la marca ha crecido en un 25% en los últimos años y conquistado mercados esquivos en el pasado, como el ruso y el japonés. El público de estos y otros países ha acogido con beneplácito las creaciones de esta sofisticada francesa y, sin lugar a dudas, se ha divertido con ellas.

Más información en www.dior.com