Que el edificio de la Academia de las Ciencias de California es una obra arquitectónica impactante es una verdad tan obvia como decir que el día es claro y la noche oscura. Pero más allá de las paredes y muros que encierran esta obra magistral, su verdadero valor se encuentra en su contenido, el cual representa la riqueza de los ecosistemas de la Tierra.
Es esta la razón por la cual recorrer los espacios de la Academia constituye un doble placer. Porque, por un lado, es posible deleitar la sensibilidad estética con la colosal estructura construida por el arquitecto italiano Renzo Piano ―el mismo responsable de obras magistrales como el Centro Pompidou de París y el Museo Whitney de Arte Americano―, mientras que a la vez el animal instintivo que todos llevamos dentro se reconoce como parte de la exhibición que reúne 40.000 ejemplares de las diversas especies que habitan el planeta.
La Academia de las Ciencias se encuentra en la ciudad de San Francisco, justo en el Golden Gate Park. Reconocerla no es difícil. Una vez en el lugar, resulta casi imposible no detener la vista en una estructura que se levanta ondulante desde el piso, como si estuviera allí desde siempre. Se percibe como una sucesión de colinas, cubiertas por la grama más verde jamás imaginada. Tal vez el espíritu se sienta tentado de correr hacia ellas con los brazos abiertos, dejándose acariciar por el viento. Advertencia: no lo haga. Estas “colinas” en realidad son el techo de la edificación.
Este techo tiene una extensión de 10.000 metros cuadrados y, además de su obvia función de protección, cumple otras igualmente importantes. Por una parte, es un aislante térmico que permite reducir el uso de aire acondicionado en el interior del edificio. Por la otra, es un recolector de aguas lluvias, las cuales son utilizadas para regar las plantas del exterior y prestar algunos servicios en otras áreas.
El gran techo-paisaje cobija bajo su manto protector el verdadero tesoro de la Academia. Estamos hablando de las salas de exhibición, el centro de investigación, el acuario, el planetario, el aviario y un cine de tercera dimensión. Todos estos son espacios dispuestos para cumplir con la triple función del lugar: explorar, explicar y proteger el mundo natural.
El planetario se halla dentro de una cúpula gigantesca, en la que es posible apreciar espectáculos astronómicos incluso durante el día. A su lado se encuentra una segunda cúpula, dentro de la cual es posible encontrar un bosque tropical tan alto como un edificio de cuatro pisos, habitado por pájaros y mariposas que vuelan libremente en su interior de cristal. En esta sala también se observa el esqueleto de una ballena, así como diversas especies amenazadas por el cambio climático. Y en la parte baja se despliega una de las maravillas del lugar: el área destinada al mundo marino, donde se encuentra el mayor arrecife de coral construido en cautiverio, al igual que un estanque en el que viven tranquilamente dos mil especies de peces.
El nuevo rostro que le dio Renzo Piano a la Academia de las Ciencias de California, creada en 1835, le permitió a la institución dar cabida a un mayor número de animales (40.000 en total, como mencionamos antes), seis veces más de los que ocupaban sus espacios hasta el pasado mes de septiembre, cuando el nuevo edificio abrió sus puertas oficialmente.
Hasta el más exigente de los biólogos se sorprenderá al ver la variedad de especies que se despliegan ante sus ojos: dragones de mar, pulpos gigantescos, tiburones, pirañas, murciélagos de Borneo, pingüinos del África, tortugas, mariposas, aves… No es exagerado decir entonces que la Academia es el mayor museo ecológico del mundo.
Lo interesante además es que quienes la visitan tienen la oportunidad no sólo de alternar con los animales, sino de valerse de diversos recursos tecnológicos para vivir la experiencia de interactuar con ellos. Producciones digitales, proyecciones multimedia y juegos de interactividad permiten, por ejemplo, apreciar el montaje digital más exacto del Universo jamás creado. También ‘atrapar’ mariposas valiéndose de una red virtual, protagonizar un video ecológico que inmediatamente pueden compartir vía internet e incluso valerse de un teléfono celular para participar en una búsqueda de tesoros dentro de la Academia.
Mientras los visitantes se divierten, los recursos que ellos aportan con la compra del boleto de ingreso contribuyen a financiar los proyectos de investigación auspiciados por la Academia. La institución apoya a 46 científicos de reputación internacional y a cientos de investigadores que trabajan en once áreas de estudio. De esta manera, brinda al mundo un espacio para deleitarse con las maravillas del planeta y un instrumento mediante el cual el conocimiento científico crece y se perfecciona, con el fin de encontrar nuevos medios para proteger a la Tierra de la acción depredadora del hombre. Así, visitar este lugar es una aventura fantástica en la cual abordamos un vehículo divertido que nos permite poner nuestro grano de arena en la búsqueda de un futuro mejor.
Academia de las Ciencias de California
55 Music Concourse Dr.
Golden Gate Park
San Francisco, California
Tel. (415) 379 8000
www.calacademy.com |