Los antiguos egipcios (año 1500 a. de C.) creían que las melodías, especialmente las que acompañaban la voz del dios Thot, tenían una influencia positiva en la fertilidad de las mujeres. Cierto o no, desde tiempos remotos la humanidad ha visto en la música elementos terapéuticos que contribuyen a la salud y el bienestar del ser humano.
Estas propiedades son las que se utilizan en la musicoterapia, un tratamiento que logra resultados positivos en aspectos psicológicos, psicomotrices, orgánicos y energéticos, mediante el uso de sonidos y estructuras rítmicas.
Si bien se trata de una terapia que se ha puesto en boga en las últimas décadas, gracias a la trascendencia que ha alcanzado la medicina natural, lo cierto es que su uso data de largo tiempo atrás. Incluso de la prehistoria, cuando la música protagonizaba los ritos mágicos, religiosos y de curación realizados por los primeros hombres. En 1889 el arqueólogo Petrie encontró en la ciudad de Kahum los primeros papiros egipcios que indicaban cómo, miles de años antes de Cristo, la música era reconocida como un agente capaz de curar el cuerpo, calmar la mente y purificar el alma.
Por su parte, el pueblo hebreo también recurrió a las melodías para solucionar problemas físicos y mentales, mientras que los griegos se tomaron el trabajo de plantear los fundamentos científicos que explican la manera en que la música influencia al cuerpo humano. Personajes tan reconocidos como Pitágoras, Platón y Aristóteles están relacionados con la concepción de la música como el resultado de una ecuación matemática perfecta que, cuando se altera, ocasiona un desorden armónico en el alma. Está en manos de la misma música restablecer la armonía perdida y, por lo mismo, llevar al cuerpo y al espíritu hacia su sanación.
No fue sino hasta el siglo XVIII cuando se iniciaron los estudios científicos alrededor de las propiedades terapéuticas de la música. Médicos tan reconocidos como Héctor Chomet se dedicaron a su estudio, y a analizar de qué manera podía prevenir y tratar ciertas enfermedades al alejar a los pacientes de sus dolencias. ¿Cómo logra la música cumplir con este propósito? Para entenderlo primero debemos conocer cómo influencian al ser humano los diferentes elementos musicales:
- Tempo: los tempos lentos generan impresiones de dignidad, calma, serenidad, ternura e incluso tristeza. Los rápidos, por el contrario, despiertan sensaciones de alegría, excitación y vigor.
- Ritmo: aquellos que son lentos inducen a la paz y la serenidad. Los rápidos llevan a la actividad y a la necesidad de exteriorizar sentimientos.
- Armonía: cuando una melodía es armónica genera sensaciones de equilibrio, reposo y alegría. Si no lo es, ocasiona inquietud, preocupación y agitación.
- Tonalidad: los modos mayores suelen ser alegres y vivos, y hacen a la persona más extrovertida. Los menores evocan intimismo, melancolía y llevan a la introversión.
- Altura: las notas agudas actúan sobre el sistema nervioso, aumentan los reflejos, llevan a una actitud de alerta y alejan el cansancio. Las notas graves conducen a una tranquilidad extrema.
Estos elementos, combinados, producen patrones de actividad eléctrica en el cerebro que influyen en la labor de éste como regulador de las funciones vegetativas del organismo. Lo que hace la musicoterapia es valerse de las frecuencias electromagnéticas del sonido para influenciar la actividad cerebral para recuperar la armonía perdida en el organismo.
Dicho de otra manera, la musicoterapia le envía al cerebro sensaciones que lo llevan a la relajación y que le permiten anular los impulsos que ocasionan la enfermedad. Los resultados logrados hasta el momento son bastante elocuentes:
- En personas con problemas para conciliar el sueño, esta terapia produce un efecto adormecedor mediante el uso de instrumentos de cuerda y ritmos suaves.
- Las melodías tristes que poco a poco alcanzan un tono más dinámico han resultado efectivas en tratamientos contra la depresión.
- Composiciones clásicas como el “Concierto para arpa” de Haendel o el “Concierto para oboe” de Vivaldi han demostrado sus beneficios en los padecimientos de estómago.
- En los casos de hipertensión, los especialistas recomiendan escuchar “Las cuatro estaciones” de Vivaldi o la “Serenata n.º 13 en Sol Mayor” de Mozart.
- “Las cuatro estaciones” de Vivaldi, así como el “Concierto de Aranjuez” de Rodrigo han demostrado sus virtudes para disminuir la ansiedad.
Estas son melodías que usted puede escuchar en la tranquilidad de su hogar y que le ayudarán a sortear problemas menores. En caso de que sufra alguna enfermedad de mayor proporción, lo ideal es que se ponga en manos de terapeutas especializados, la mayoría de los cuales son médicos que han encontrado en este tipo de tratamientos una alternativa viable para mejorar la salud y el bienestar de sus pacientes. |