| Los amantes de la buena mesa saben que en el mundo existe un circuito en el que deben hacer presencia obligada. Se trata de un recorrido que cubre los doce meses del año y los lleva a los más destacados festivales gastronómicos del planeta.
El viaje culinario se inicia en enero con el Niagara Icewine Festival, un evento que rinde tributo a la tradición vinícola de esta región canadiense, conocida por elaborar un vino dulce y espumoso a partir de uvas congeladas. La bebida se sirve a una temperatura de -8°C y acompaña los platos dispuestos en las cenas de gala realizadas durante la semana del festival. A ésta, la principal actividad de la jornada, se suman otras como las fiestas en los bares de hielo y las excursiones por los viñedos de la zona.
Con febrero llega el Festival de la Pera Espinosa en Port Elizabeth, Sudáfrica. Este producto exótico, que hasta 1986 era considerado más una hierba silvestre que una fruta, es el ingrediente principal en la muestra y da lugar a los más diversos platos: escabeches, panes, postres, mermeladas, encurtidos y pasteles. Para cada versión se procesan 16 toneladas de peras, que deleitan con su sabor los paladares curiosos de los visitantes.
Una vez fuera de Sudáfrica, en marzo los auténticos gourmets se dirigen hacia la isla de Anguila para hacerse partícipes de su Festival del Mar, un encuentro en el que chefs internacionales se unen a los pescadores locales, en una sociedad que tiene como único objetivo realizar las recetas más exquisitas a partir de los productos marinos que proliferan en el lugar. Los platos ya preparados y ricamente decorados se disponen en los puestos de comida que abundan en la isla, o en sus más reconocidos restaurantes.
Muy cerca de allí, en otro paraíso caribeño conocido con el nombre de Jamaica, tiene lugar el Trelawny Yam Festival. Este encuentro se realiza en abril y rinde tributo al ñame, un tubérculo muy parecido a la patata que abunda en esta región del mundo. Cada año acuden a la cita cerca de 10.000 personas, quienes no sólo aprecian el sabor del producto, sino que además se hacen partícipes de otras actividades relacionadas con la fiesta y que incluyen desde la elección de la Reina del Festival hasta la Competencia de Cultivadores de Ñame, o la de la Cabra y el Asno Mejor Vestidos. Sin duda se trata de una tradición muy original.
Desde mediados de abril y hasta mayo el rumbo se dirige hacia España, y más exactamente hacia la población de Tudela, donde se lleva a cabo un evento denominado Exaltación de la Verdura. El escenario de este encuentro no es gratuito, ya que la pequeña ciudad es reconocida por producir más vegetales que cualquier otra región de Europa y rinde honor a su tradición mediante recorridos gastronómicos, menús especiales que incluyen exquisitos pinchos de verduras, cursos de cocina y catas.
De los vegetales regresamos a los productos del mar, pero esta vez en compañía del Festival de la Langosta en Belice (junio), donde abundan los platos elaborados a partir de la suave y por lo general costosa carne de este crustáceo, y el Copper River Wild Salmon Festival, en Alaska (julio). En este último es posible encontrar el que es reconocido como el mejor salmón del mundo, preparado en una amplia variedad de recetas.
En julio también es indispensable acudir a la Competencia Anual de la American Cheese Society, que evalúa en Chicago los mejores quesos de Estados Unidos partiendo de criterios técnicos y estéticos. Muy cerca de allí, en la población de Gilroy (California), se lleva a cabo el Festival del Ajo, en donde se pueden degustar las más variadas recetas a partir de este ingrediente no siempre bien apreciado. ¡Se preparan desde panes y sándwiches hasta helados!
Después de esta aproximación a las fuertes esencias del ajo, hay que dejar descansar el paladar. Esto se puede hacer en agosto. Pero ya en septiembre hay que empacar maletas nuevamente para regresar a California y hacer parte de la Feria del Vino de Sonoma, una región que ha sabido convertirse en digna competidora de Napa con la calidad de su vid.
En octubre los ojos de los sibaritas se dirigen hacia Italia, y más exactamente a Turín, donde se realiza el Salone del Gusto, en el cual se rinde tributo a los sabores y las excelentes preparaciones, pero especialmente a los ingredientes producidos aplicando técnicas respetuosas del medio ambiente. Quienes siguen estos principios tienen para los visitantes desde muestras de alta gastronomía, hasta exhibiciones de cocteles, y catas de vino y cerveza.
El calendario ferial se cierra aquí mismo, en Italia, pero en la ciudad de Alba. En ella tiene lugar, de septiembre a diciembre, la temporada de la trufa blanca, que se cosecha sólo durante esta época del año y en unos pocos lugares del planeta. Durante esta temporada los mercados de Alba ofrecen este ingrediente a manos llenas y los restaurantes elaboran menús especiales basados en su sabor. De esta manera, el festival celebra la esencia de la tierra y la continua conexión de los italianos con sus raíces. A la vez constituye una manera muy autóctona de finalizar este recorrido gastronómico por el mundo, en un país que ha sabido hacer universales sus sabores y preparaciones. |