Los muros del antiguo Convento de Santa Clara en Cartagena (Colombia) guardan en sus rincones las leyendas de un pasado cargado de misterio. Hoy, convertido en un lujoso hotel, este lugar no sólo se evidencia como uno de los más exclusivos alojamientos del país, sino uno de los diez mejores en Suramérica, según la revista
Condé Nast Traveler.
El hoy Hotel Sofitel Santa Clara nació para ser grande. Su creación, basada en la restauración de un antiguo edificio religioso que data de 1617, de por sí supuso una cruzada impresionante que buscó traer nuevamente a la vida una construcción deteriorada no sólo por el paso de los años y el abandono, sino por una sucesión de adiciones arquitectónicas y restauraciones erróneas que amenazaron con destruir el legado del diseño colonial original.
Esta iniciativa fue una verdadera labor titánica, que requirió el trabajo constante durante cinco años de arquitectos, arqueólogos, artesanos e historiadores, quienes ‘resucitaron’ arcos, bóvedas, ventanales, pasillos, puertas, columnas, muros y criptas, otrora habitados por la comunidad religiosa de las Clarisas.
Su trabajo se desarrolló en los 21.000 metros cuadrados que hoy constituyen el área del hotel, lo cual da una buena idea de la dimensión del proyecto. El resultado de este esfuerzo conjunto es una construcción majestuosa ubicada en el centro histórico de Cartagena, en donde las antiguas celdas de habitación de las religiosas, su comedor, su capilla y sus bodegas, hoy alojan espaciosas habitaciones para huéspedes, algunas de las cuales llegan a los 500 metros cuadrados de área, restaurantes de talla internacional, un spa (el primero bajo la marca LeSpa at Sofitel en Suramérica), una encantadora piscina y toda esa magia que acompaña a los edificios de antigua data.
No resulta difícil entender por qué alojarse en el Santa Clara es una experiencia única. En cada uno de sus espacios es posible disfrutar de las comodidades y el lujo propios de la hotelería más exclusiva, pero a la vez percibir el legado de épocas remotas. Una columna, una puerta, un alero o un muro, tienen la capacidad de llevar al huésped hacia otros tiempos y casi que obligarlo a rememorar los múltiples usos que se le dieron en el pasado al edificio: cuartel de inválidos, hospital, orfelinato, albergue, escuela de niñas, anfiteatro…
En este lugar es posible hasta la evocación literaria. Después de todo, el antiguo Convento de Santa Clara sirvió de inspiración al escritor Gabriel García Márquez para dar vida a uno de los personajes de su novela “Del amor y otros demonios”. La alusión permite develar otro de los encantos del hotel: su vecindad con la casa del legendario autor, ganador del Premio Nobel de Literatura y una de las figuras más influyentes de las letras en el mundo de habla hispana.
Él no es el único personaje famoso relacionado con el Santa Clara. El hotel guarda una larga lista de huéspedes ilustres que se han dejado seducir por su embrujo. Desde líderes revolucionarios como Yasser Arafat hasta miembros de la realeza europea como el Rey Juan Carlos de España, pasando por multimillonarios de la talla de Bill Gates, rockeros legendarios como Mick Jagger y estrellas del cine como Mel Gibson.
Ellos han disfrutado del halo de misterio, evocación y romanticismo del hotel, presente en sus 121 habitaciones, distribuidas en dos ambientes diferentes: el Colonial y el Republicano. Desde ellas es posible apreciar bien sea la Ciudad Antigua con sus altos campanarios, sus techos rojos y sus calles empedradas, los hermosos jardines internos de la propiedad o la inmensidad del Mar Caribe. En su interior, la decoración también rinde tributo a otras épocas: la Suite Presidencial está equipada con muebles peruanos del siglo XVIII, mientras que los alojamientos del área Republicana están provistos con reliquias y obras de arte colombiano.
Otra área de obligada visita es la de los restaurantes. En El Refectorio, que ocupa el mismo espacio que en el pasado fue el comedor de las monjas Clarisas, es posible degustar una deliciosa cena de corte mediterráneo en medio de un ambiente protagonizado por los muebles de época. El Café del Claustro, por su parte, se caracteriza por su calidez acogedora, mientras que en el Lounge Bar El Coro, donde las religiosas solían entonar sus cánticos, hoy se disfruta de una amplia variedad de cocteles y martinis.
Al estar en el centro histórico de Cartagena, el Hotel Sofitel Santa Clara no tiene salida al mar, lo que no significa que sus huéspedes no puedan disfrutar de una relajante jornada en la playa. Todo lo contrario: pueden hacerlo en una extensión de playa privada en Islas del Rosario ―archipiélago muy cercano a la ciudad―, donde opera el Hotel San Pedro de Majagua, con 17 bungalows, dos playas bañadas por un mar color esmeralda, un restaurante de comida de mar y un centro de buceo.
Después de un día de sol y mar, nada mejor que concluir la jornada en una de las elegantes cabinas de relajación del spa, o aprovechar el atardecer para recorrer las calles empedradas de la muy noble y leal ciudad de Cartagena de Indias. Este es el cierre perfecto para un viaje a través del tiempo, protagonizado por un hotel que dejó atrás el fervor religioso para dedicarse a la devoción por el huésped, la excelencia en el servicio y la comodidad.
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