| Práctica filosófica, medicina alternativa y arte marcial. Estas tres definiciones se conjugan bajo un sencillo término: Tai Chi, disciplina que busca el equilibrio integral del ser humano (cuerpo y mente) por medio de suaves movimientos y una respiración adecuada.
Remontarse a los orígenes del Tai Chi puede ser una tarea dispendiosa y poco fructífera. Quienes se han dedicado al estudio de esta práctica oriental han rastreado su historia hasta 1314, cuando China era dominada por la dinastía Song. Al parecer, a partir de allí los descendientes de estos gobernantes fueron instruidos en la práctica del arte marcial, perfeccionándolo hasta darle la forma que hoy conocemos.
Mientras otras artes marciales le dan importancia a la fuerza, en el Tai Chi el ingrediente fundamental proviene del interior del ser humano. Por eso algunas personas lo califican como un método de meditación en movimiento, descripción a la que contribuyen la precisión y suavidad de sus movimientos, todos ellos de inspiración circular, imitando de esta manera el símbolo universal del Tai Chi.
Conocer y dominar los principios del Tai Chi es una labor que requiere dedicación, estudio y paciencia. No es fácil, ya que reúne tanto principios técnicos como filosóficos; y bien sabemos lo compleja que puede llegar a ser la filosofía oriental. Por este motivo aquí no les enseñaremos la práctica del Tai Chi. Lo que sí podemos hacer es darles la información necesaria para que se inicien en esta disciplina, a partir de los beneficios que puede traer para su salud.
Sin miedo a equivocarse, se puede asegurar que el Tai Chi contribuye tanto al bienestar físico como al psicológico. En primera medida, al exigir grandes dosis de concentración, entrena no sólo los movimientos sino también las células cerebrales. Por decirlo de otra manera, hace de ellas un ‘músculo bien tonificado’. Estas células son las que comandan los demás órganos del cuerpo y, al estar en forma, les envían mensajes de salud. En esa medida, el Tai Chi también ejerce un efecto curativo.
De igual manera, la respiración pausada que se practica en el Tai Chi ofrece efectos benéficos al organismo. En ella se exige introducir y exhalar la mayor cantidad de aire posible en cada ciclo respiratorio, con lo cual se incrementa el cambio de presiones dentro del tórax. ¿Consecuencia? La circulación coronaria se hace más libre y eficaz, se refuerza el proceso de oxigenación, se mejora la condición del corazón y, por tanto, se previenen enfermedades cardíacas… todo por respirar de la manera adecuada. Y por si fuera poco, en el aspecto mental, la concentración y la relajación ayudan a controlar el estrés, previniendo así las patologías que provoca este monstruo moderno.
El tercer elemento del Tai Chi es el movimiento, que también hace su contribución al bienestar del cuerpo. Al tratarse de acciones tan precisas, lentas y medidas, requieren una absoluta relajación muscular que hace desaparecer las tensiones nerviosas. En esta práctica además se realiza una rotación continua de las caderas y la cintura. Dicha rotación demanda una contracción de los músculos abdominales, que a su vez realizan un masaje sobre órganos internos como el bazo, el hígado y los intestinos.
Esto sin mencionar los beneficios que los movimientos controlados traen para la columna vertebral, que gracias a ellos se refuerza y flexibiliza. Así que con el Tai Chi bien podemos decirle adiós a los dolores lumbares.
Como puede apreciarse, estamos frente a una de las prácticas orientales más completas que existen, a partir de la cual el ser humano puede alcanzar el equilibrio que tanto requiere para garantizar su salud. En ese orden de ideas, debemos ver al Tai Chi no sólo como una terapia, sino además como una manera de ver la vida a partir del balance entre el cuerpo y la mente. Si a los chinos les ha funcionado a lo largo de sus extensas generaciones, bien vale la pena incluirla en nuestro estilo de vida. |