| África. La sola mención de esta palabra hace que la mente evoque un territorio agreste, dominado por las especies salvajes y las tribus indígenas, en donde la ley de la supervivencia del más fuerte se sigue al pie de la letra. Digno representante de esta imagen es un país de 582.650 km² de extensión, que responde al nombre de Kenia.
En lengua indígena, la palabra Kenia significa “el territorio de la luz”. Y no hay términos más indicados para describir este lugar. Donde quiera que se pose la mirada, ya sea en las altas montañas, en el desierto, la selva o la costa, el sol parece irrumpir sin contemplaciones en el territorio keniano, como si tuviera el firme propósito de evidenciar las maravillas que éste alberga.
Así descubre ante los ojos de los viajeros un destino exuberante y salvaje que ha encontrado precisamente en estas dos características sus mejores argumentos para atraer a los turistas. El exotismo de Kenia se hace presente en su riqueza cultural, determinada por la presencia de sus habitantes, integrantes de etnias indígenas ancestrales como la tribu masai, que se mantienen fieles a sus tradiciones y a su relación de sangre con la tierra.
Kenia es de los pocos lugares en el mundo en donde los visitantes aún pueden apreciar el estilo de vida de estas comunidades, no con los artificios de un espectáculo turístico montado para los curiosos, sino con la certeza de que aquello que observan sus ojos constituye el día a día de hombres, mujeres y niños cuyos ancestros habitaron estas tierras desde tiempos remotos.
Igualmente exóticas resultan las ciudades y poblaciones del país. Nairobi, su capital, avanza a pasos agigantados hacia la modernidad, pero sin olvidar su pasado como la gran urbe de los safaris en África. Lo tiene tan presente, que uno de sus principales atractivos es el Parque Nacional de Nairobi, hogar de manadas completas de cebras, búfalos, jirafas y leones, que habitan apaciblemente… ¡a tan sólo veinte minutos del centro de la ciudad!
Otra ciudad para destacar es Mombasa, ubicada en una isla que se comunica con el continente por medio de una estructura de puentes. Se trata de una urbe más tradicional que Nairobi, apegada a su arquitectura de influencia árabe y que parece emanar por siempre los aromas de las especias que se venden en el mercado local. También es la manifestación más clara de la libertad de cultos, ya que en sus calles es posible encontrar por igual mezquitas, templos hindúes e iglesias cristianas, dando como resultado una llamativa variedad de creencias religiosas.
Igualmente exótica resulta para los turistas la isla Lamu, un lugar que parece detenido en el tiempo con sus construcciones de tipo medieval; una cultura que tiene influencias árabes, turcas y portuguesas, y un estilo de vida tan sencillo que ha permitido a los simpáticos burros remplazar al automóvil como el medio de transporte oficial. De ahí que no sea difícil adivinar por qué los visitantes de Lamu sienten que entran a otro mundo al llegar a la isla, y por qué personajes tan reconocidos como la Princesa Carolina de Mónaco la han escogido como su refugio predilecto.
Hasta aquí la cualidad exótica de Kenia. ¿En qué consiste entonces su espíritu salvaje? Para descubrirlo, el viajero sólo debe integrarse a uno de los tantos safaris —terrestres o en globo— que a diario se realizan en el país y que lo llevarán a lo largo de una aventura fantástica.
Los destinos son variados. Uno de obligatoria visita es la Reserva Masai Mara, la más grande de Kenia y hogar no sólo de la tribu masai sino de especies como cebras, jirafas, gacelas, monos y aves. Pero su habitante más destacado es el león, que domina este territorio desde tiempos inmemoriales y ha consolidado en él su estatus de depredador. No por nada la Reserva es conocida como ‘El reino de los leones’.
Un segundo destino interesante para los safaris es el Parque Amboseli, que ha obtenido reconocimiento como ‘La tierra de los gigantes’. Tan particular apelativo lo debe a dos de sus habitantes permanentes: el elefante y el Monte Kilimanjaro, el más alto de África, que a pesar de estar ubicado en Tanzania se puede apreciar a simple vista desde el parque.
La tercera alternativa es realizar un safari acuático; para lo cual nada mejor que las aguas del Océano Índico, que rodean a Kenia. Su claridad es tal que permite al viajero apreciar sin dificultades la rica vida marina que vive bajo las profundidades, celosamente resguardada por kilómetros de arrecifes de coral. Allí, bajo el agua, Kenia se evidencia tan exótica y salvaje como en la superficie, y deja muy en claro el por qué es un destino sin igual sobre la faz de la Tierra.
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