Un clima perfecto, gente amable, playas paradisíacas, una vida nocturna vibrante y un ambiente tan romántico como el que más, hacen parte de los encantos de Aruba. Y no hay mejor época para visitar la isla que en enero y febrero, cuando su territorio se enciende al ritmo de los ecos de su carnaval.
Aruba es un destino que siempre se antoja deseable para los viajeros. La sola mención de su nombre despierta una sonrisa, pues evoca una tierra de paisajes paradisíacos, un ambiente fiestero y una cálida acogida a cada paso. “Bonbini” dicen por doquier los habitantes de la isla a sus visitantes, y de esta manera, en su papiamento nativo, les dan la bienvenida y comparten con alegría no sólo sus riquezas turísticas sino también las culturales, que cada año atraen un promedio de 800.000 turistas, la mayoría provenientes de Estados Unidos.
Explorar el territorio arubiano es una aventura siempre fascinante, que se puede llevar a cabo en cualquiera de los meses del año, ya que la isla ha sido bendecida con un clima único que ni siquiera es afectado por la temporada de huracanes propia del Caribe. Por tanto, usted puede ir cuando quiera, pero nuestra sugerencia es que realice su viaje en los días de Carnaval, pues es entonces cuando podrá apreciar sus expresiones culturales en su máximo esplendor.
Para empezar a degustar la magia de Aruba, nada mejor que recorrerla ya sea de manera individual en moto (ideal hacerlo en una de las Harley-Davidson que rentan en la isla), en jeep o en un automóvil playero, o en grupo uniéndose a los recorridos que realizan las empresas especializadas a lo largo de sus atractivos turísticos. De esta manera podrá aproximarse a los museos de Oranjestad, la capital; a la zona comercial de la ciudad, donde hacen presencia las marcas más exclusivas en materia de moda, perfumería y joyas; al Criadero de Mariposas, donde se tiene la oportunidad única de ver a los nuevos ejemplares salir de sus crisálidas; o al Criadero de Avestruces, en el que podrá alimentar a estos simpáticos animales.
Ya de regreso a su hotel no deje de disfrutar los desfiles y paradas de Carnaval organizados por las autoridades de la isla, en donde es posible apreciar su música, danzas y trajes típicos. Es esta la oportunidad perfecta para alternar con los arubianos, quienes se vuelcan a las calles para unirse en una común unión de alegría y esperanza. Aquí no hay distinción de edades. Adultos y niños gozan por igual, siguiendo el frenético mandato de los instrumentos que entonan el calipso, uno de los géneros musicales propios de Aruba.
Después de una jornada de fiesta, el viajero puede optar por dos alternativas. Si es del tipo incansable y aficionado a la adrenalina, su destino debe ser uno de los tantos safaris realizados en la isla y que lo conducen hacia las tierras del Desierto de Arikok. Prepárese porque se trata de una jornada dominada por la inclemencia de los rayos del sol, que lo lleva a descubrir la autóctona Capilla de Alta Vista, el Faro de California, las ruinas de la Mina de Oro de Bushiribana, las Cuevas de Guadirikiri y las zonas de los grandes oleajes, perfectas para los amantes del surf.
Ahora que si usted es del tipo más tranquilo, puede optar por vivir una experiencia relajante en los campos de golf. Para los más expertos están los 18 hoyos del club Tierra del Sol, distribuidos siempre contando con la compañía del Mar Caribe. Quienes apenas se inician en la práctica del deporte pueden optar por el Divi Village Golf & Beach Resort, que les ofrece la posibilidad de practicar sus golpes en un campo virtual antes de proceder a jugar en el real, integrado por nueve hoyos.
Una segunda alternativa de relajación corre por cuenta de los spas que abundan en Aruba. Casi podría decirse que todos los resorts de la isla tienen en sus instalaciones un área destinada al bienestar. El Spa del Sol, por ejemplo, sigue la tendencia de los establecimientos tipo balinés y brinda la oportunidad única de ponerse en manos de expertos para consentir el cuerpo y el espíritu, mientras se observa el inmenso océano azul que se despliega frente a sus cabañas. Otra estupenda opción es el Mandara Spa del Hotel Radisson, que dispone para sus visitantes una amplia variedad de tratamientos basados en los productos más exclusivos del mercado. Una recomendación: disfrute de sus planes especiales para parejas. No se arrepentirá.
Ya más descansado, dispóngase para volver a hacer parte del frenesí del Carnaval, pero esta vez por cuenta de las actividades nocturnas. Entre ellas figuran las muestras gastronómicas, la elección de la Reina del Carnaval, los concursos de baile o la quema del Rey Momo, uno de los símbolos de las fiestas. ¿Todavía tiene energías para algo más? Perfecto: cierre la jornada probando su suerte en uno de los innumerables casinos de los que dispone la isla. Los hoteles le entregan cinco dólares de cortesía para que realice su primera apuesta. De ahí en adelante todo corre por cuenta de la suerte. Aquí no tiene límite de tiempo, ya que estos establecimientos están abiertos las 24 horas del día.
Ya para finalizar su visita a Aruba no deje de darse un paseo por una de sus tantas playas de arena blanca, bañadas por un mar tranquilo y siempre cristalino, perfecto para la práctica del snorkeling. También se puede aventurar en una jornada mar adentro de la mano de los barcos turísticos, que lo conducirán hacia los lugares ideales para bucear en medio de tesoros hundidos. Cuando regrese a la superficie tenga la seguridad de que lo estará esperando el rostro de un arubiano sonriente y convencido de que, tras haber degustado las maravillas de Aruba, usted regresará a su isla como tantos otros turistas lo hacen cada año.
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