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El reino de las piedras de colores
 

Moda

El reino de las piedras de colores

 
El reino de las piedras de colores El reino de las piedras de colores El reino de las piedras de colores
 

En 1939, mientras el mundo presenciaba sorprendido sucesos como los ayunos de protesta de Mahatma Gandhi en contra del gobierno británico, o el inicio de las hostilidades que condujeron a la segunda guerra mundial, a la ciudad de Rio de Janeiro, en Brasil, arribaba un joven alemán de escasos 17 años, ansioso por encontrar su destino en una tierra tan lejana a la suya, al calor del sol tropical. Su nombre era Hans Stern.

En ese instante nadie lo sabía, ni siquiera él mismo, pero su nombre estaba destinado a convertirse en una de las insignias de la joyería mundial. Difícil intuirlo durante sus primeros años en territorio brasilero, durante los cuales se dedicó al oficio de mecanógrafo en una empresa de transacciones comerciales. Pero a la edad de 23 años, el joven Hans descubrió las piedras preciosas y de inmediato se enamoró de ellas. Sólo fue cuestión de tiempo para que en 1945, precisamente el año en que llegaba a su fin la Gran Guerra, él abriera las puertas de H. Stern Jewelers.

Desde entonces han transcurrido 63 años, a lo largo de los cuales la casa H. Stern ha consolidado su nombre como símbolo del diseño exquisito. La marca está grabada con letras de molde en el gusto de aquellos que tienen preferencia por el lujo y se mueven en las altas esferas del jet-set internacional. A este selecto grupo pertenecen las más cotizadas estrellas del cine norteamericano, que han convertido las creaciones de H. Stern en sus cómplices al presentarse en eventos de renombre mundial, como en las galas de premiación del Oscar o el Emmy.

La primera diva que arribó a la alfombra roja luciendo una creación de H. Stern fue Catherine Zeta-Jones. En el año 2001 la actriz lució en la ceremonia del Oscar una aguamarina de 50 quilates, que hacía parte de la colección personal de joyas de Hans Stern. Al año siguiente la imitó Sharon Stone, una institución en lo que a estilo se refiere. Y desde entonces innumerables divas han lucido los chispeantes destellos que arrojan las piedras de H. Stern sobre la piel de quien las lleva. De la lista hacen parte Debra Messing, Angeline Jolie, Liv Tyler y Beyoncé Knowles. Eso sin contar con que figuras de la talla de Kate Moss y Ashley Judd con gusto prestaron su nombre para convertirse en imagen de la marca.

¿En qué radica el encanto de las joyas creadas por Hans Stern y luego por sus diseñadores, que las llevaron a convertirse en un símbolo de clase y estilo? Las razones son diversas. La primera que salta a la vista es el color. A fin de cuentas, antes de que el joven alemán irrumpiera en el sector de la joyería, éste se encontraba dominado por los diamantes y las piedras orientales, más exactamente rubíes, zafiros y esmeraldas.

Stern puso al mundo a pensar en colores y le dio protagonismo a piedras como la aguamarina, la turmalina, la amatista y el topacio. Todas ellas le deben a él su vigencia en la joyería internacional. Obviamente, sus joyas captaron con gran rapidez la atención del público y de los medios de comunicación, que no ahorraron elogios para su trabajo. Sin ir muy lejos, la prestigiosa revista Time calificó a Hans Stern en 1962 como “el rey de las piedras de colores”, tan sólo dos años después de que él abriera su primera tienda en Nueva York.

Era la época de trascender las fronteras brasileras, después de haber creado en tierras cariocas el primer laboratorio de gemas y de dar vida a las visitas guiadas por sus talleres, con el fin de que el público apreciara el proceso de creación de la joyería artesanal. Después de Estados Unidos, abrieron las tiendas en Europa (en Alemania, por supuesto, la primera) y más recientemente en Dubai, Bahrein, Turquía, México y Moscú. Hoy H. Stern está presente en 19 países con una red de 160 almacenes de propiedad y operación familiar, y 170 puntos de venta adicionales.

En cada uno de ellos las joyas de la corona, literalmente hablando, son las creaciones de los diseñadores de la marca, dignos herederos del legado de Hans Stern, quien murió en Rio de Janeiro en 2007. Los primeros creadores, quienes trabajaron en los años 40 con el fundador de la empresa, fueron lapidarios y orfebres de Europa. Ellos cimentaron la tradición que han seguido las nuevas generaciones, responsables de colecciones maravillosas como la CD, inspirada en la actriz francesa Catherine Deneuve.

Precisamente estas colecciones inspiradas en celebridades también fundamentan buena parte del éxito de H. Stern en el mundo de la joyería. A la línea CD siguieron otras como la del artista italiano Roberto Moriconi, quien esculpió cada pieza de su colección, o la inspirada en el músico brasileño Carlinhos Brown, que recibió el nombre de Filaments y se convirtió en uno de los diseños característicos de H. Stern.

Cada una de las colecciones de la marca obedecen a los más altos estándares de calidad y a técnicas de corte y pulido de gemas desarrolladas en sus talleres. Este constante proceso de investigación e innovación ha permitido obtener piedras fantásticas como el diamante Stern Star, una pieza de corte orgánico y asimétrico exclusiva de la casa.

Estos principios de innovación, calidad y originalidad se han trasladado a otras unidades de negocio de H. Stern como la relojería, que tiene sus propios talleres de producción en Suiza. Allí se habló de modelos de cuarzo mucho antes de que otros competidores del sector lo hicieran. Allí también cobraron vida creaciones como los relojes Sapphire, Form y Sfera, y vio la luz la línea más exclusiva de todas: Les Mecaniques, conformada por ediciones limitadas de relojes hechos a mano, en oro de 18 quilates. Sin duda, una pieza de colección que habría hecho sentir orgulloso a aquel jovencito alemán que creó de la nada un reino de piedras de colores.

www.hstern.com.br