Si a usted le presentaran una alternativa que le permitiera salvar el planeta y a la vez cuidar su salud, ¿la aceptaría? Seguramente sí. Este es justo el propósito de los alimentos orgánicos, que cada día tienen más adeptos en el mundo.
Una de sus más recientes defensoras es Michelle Obama, primera dama de Estados Unidos, quien ha emprendido una campaña para que los norteamericanos consuman frutas, carnes y vegetales libres de pesticidas y no procesados. Es más: ha llegado al extremo de plantar en los predios de la Casa Blanca una huerta para alimentar a su familia.
Como la señora Obama, se cuentan por millones los defensores de los alimentos orgánicos, quienes pregonan a voz en cuello sus ventajas frente a los alimentos convencionales. Si bien es cierto que el valor nutricional de unos y otros es el mismo, los productos sembrados y cosechados de manera natural tienen a su favor el no estar contaminados con pesticidas.
Desde que éstos aparecieron en el mercado en 1850, se encendieron las voces de alarma sobre su incidencia en la aparición de enfermedades como el cáncer, así como en problemas relacionados con el sistema inmune y daños al sistema nervioso o a órganos como el hígado, los riñones y el cerebro.
En 1985 se realizó un estudio en Estados Unidos en el que fue analizada la sangre de 3.000 personas; los resultados fueron elocuentes: el 99% de ellas presentaron niveles detectables de uno o más pesticidas, y la concentración de éstos fue un 300% mayor en el tejido graso. Además, la intoxicación masiva por químicos aplicados a los cultivos ha sido reportada en India, Egipto, México y Emiratos Árabes, entre otros países.
Infortunadamente, la mayoría de estos casos de intoxicación no son diagnosticados con propiedad, debido a que los síntomas que presentan los afectados son muy comunes y suelen relacionarse con otras enfermedades. Estamos hablando de dolor de cabeza o de estómago, debilidad y fatiga.
A las bondades que los orgánicos suponen para la salud del ser humano debemos sumar los beneficios que aportan al medio ambiente. Quienes conocen el tema aseguran que el emplear métodos de cultivo biológicos mantiene la fertilidad de la tierra a largo plazo, garantiza un manejo efectivo de los insectos dañinos, estimula el reciclaje de desechos y devuelve al planeta sus nutrientes. Eso sin contar el hecho de que contribuyen a mantener más limpios los caudales de agua.
Es tal el éxito que ha adquirido esta propuesta en los últimos años, que para 2008, y según las cifras de Organic Monitor, publicación en internet especializada en este tipo de productos, existían en el planeta 30,4 millones de hectáreas destinadas a la agricultura orgánica. Además, su comercio mundial alcanzó la no despreciable suma de 40.000 millones de dólares.
Ahora bien: sectores que no se han dejado llevar por la fiebre orgánica y que conservan una postura más neutral frente a ella, aseguran que no basta con los sistemas de cultivo limpios para garantizar la idoneidad de los productos. En su opinión, hace falta que esa misma ‘limpieza’ se involucre en la etapa de procesamiento de los alimentos.
Sus voces han empezado a tener eco incluso entre las grandes marcas de la industria alimenticia. Para citar tan sólo un ejemplo vamos a señalar los tomates enlatados que produce la firma Hunt’s. La empresa utiliza más de 55 variedades de la fruta, las cuales son cuidadosamente sembradas, seleccionadas y monitoreadas siguiendo los principios de la agricultura orgánica.
Una vez cosechadas, se procede a pelarlas al vapor, a diferencia de otras compañías que realizan este procedimiento valiéndose de químicos. Finalmente, se echa mano del Field Fresh Processing System, gracias al cual los tomates de Hunt’s pasan menos de ocho horas desde su recolección hasta su procesamiento y enlatado. De esta manera se garantiza la naturalidad y frescura del producto, el cual ha sido avalado por organizaciones internacionales de orgánicos.
Además de sus virtudes en materia de salud y ecología, los alimentos orgánicos han demostrado un impacto positivo en la sociedad, ya que suelen estar relacionados con proyectos que revitalizan la población rural y estimulan el trabajo digno entre los cultivadores. Así que la próxima vez que le dé una mordida a una deliciosa fruta cultivada siguiendo esta propuesta, piense que no sólo está haciendo un aporte a su salud y al planeta, sino a cientos de personas que han hecho del campo su estilo de vida. |